Hace un par de semanas, la Habichuela y yo acudíamos al
evento #PapásDodot (donde nos hicieron fotos a Habi y a mi y pudisteis desvirtualizarnos un poco) y unos días después nos seleccionaron para participar en el sello de calidad de Madresfera sobre los susodichos pañales. Tras una pequeña odisea con la entrega de los pañales, por fin tenemos el paquete en casa.
¿Y por qué os digo que fue una odisea? Pues porque ya sabéis que yo me mudé de Hobbiton a Mordor pero había olvidado actualizar la dirección en Madresfera. Como no soy tan lerda como pensáis, en cuanto me apunté al sello, me percaté del tema de la dirección así que, rauda y veloz, actualicé los datos. Y ya está.
Pero, ¡ay, amigos! Las cosas del Internet y la tecnología no van así y unos días después, viendo que mi paquete no llegaba y que nos instaban a escribir el post sobre la cata de pañal yo empecé a mosquearme un poco. Y, ¡bingo! Justo ese mediodía, me llamó un repartidor cabreado porque estaba timbrando en casa y nadie le abría. Por supuesto, dicha casa estaba en Hobbiton.