Que el cuerpo cambia después del parto es algo que creo que todos tenemos bastante claro. ¿Lo tenemos? Si, claro. Lo tenemos clarinete siempre y cuando sea ANTES de dar a luz, ello es: durante el embarazo. Luego llega la realidad y te da una cruel colleja por la espalda. Como cuando ibas al cole U_U.
Es cierto que en mi caso me veo realmente bien. No se, llamadme rara pero a mi me gusta bastante el cuerpo que se me ha quedado después del parto pero hablando con amigas y conocidas me voy dando cuenta de que esta no es la tónica general. La mayoría de las mujeres que conozco se encuentran a disgusto con su cuerpo después del parto.
Dejando de lado las cuestiones físicas, que a mi realmente me van importando poco, si hay un aspecto del postparto que me preocupa y es la condición física que tengo en estos momentos.
Y sinceramente, es bastante desastrosa.
Yo era una persona bastante deportista en mis tiempos. Luego empecé la carrera y reconozco que me abandoné bastante pero seguía aguantando largos paseos por la ciudad o el campo, iba a nadar y, de vez en cuando, me montaba en Chirriditos y me unía a
la Mostrenca en un paseo por el carril bici de Madrid.
Al final del embarazo reconozco que me faltaba el aire para subir cualquier cuesta. En cuanto tuve a la Habichuela entre mis brazos, volvió a mi la capacidad pulmonar y vi la luz. Y me confié.
Si. Lo reconozco. Me confié. Y ahora, casi 4 meses post nacimiento empiezo a darme cuenta de los estragos que embarazo y parto han dejado en mi organismo: