lunes, 26 de noviembre de 2018

Depresión postparto: tratamiento

Al final entre unas cosas y otras he ido dejando de escribir y justo el tratamiento de la depresión postparto me parece lo más importante de cara a alguien que esté buscando información. Así que, por aquí dejo mi granito de arena sobre mi peregrinaje y lo que estoy haciendo ahora mismo para mejorar de la enfermedad.

El tratamiento de la depresión postparto abarca muchos frentes y por ello se están coordinando en mi caso unos cuantos especialistas. Lo malo es que no hay un protocolo unificado o un centro en el que se estén girando visitas que te lleven todo a la vez así que, de nuevo, dependemos de la buena voluntad de los profesionales que nos atiendan. En mi caso, son profesionales como la copa de un pino y ahí están, coordinándose. 

Mi tratamiento lo están llevando desde Salud Mental, el CAF que me toca por distrito y una psicóloga perinatal de una asociación que trabaja para el ayuntamiento. 

lunes, 19 de noviembre de 2018

Casa de niños

La depresión postparto es un asco. Supongo que en eso estaremos todos de acuerdo. Sin embargo, de toda 'chunguez' podemos sacar una parte positiva y en mi caso esta parte es que estoy descubriendo una cantidad de cosas pensadas para los niños en los Madriles que oye, ni tan mal. 

Una de esas cosas son las Casas de Niños.

Estas casas son centros para llevar a los peques de 0 a 2 años, justo antes de la etapa infantil. Públicas. Maravillosas. Con una particularidad: la jornada es de 3 a 4 horas diarias, de lunes a viernes. Por menos de 45€ al mes. O_o.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Ignición en 3....2....1.....

¡Hola, hola!

¿Queda alguien por aquí?

Espero que si... jeje. 

Bueno, me pasaba para informar que, por fin, parece que todo empieza a calmarse. Hemos tenido un mes muy movidito acá, en Mordor, hogar hobbito.

miércoles, 29 de agosto de 2018

La lactancia en diferido

Como personas del género humano que somos todos podemos llegar a empatizar con los sentimientos ajenos. En el tema de la lactancia yo creo que estoy bastante en comunión con el sentir de muchas mujeres pero, aunque soy capaz de ponerme en el lugar de las mujeres trabajadoras, no ha sido hasta que he sido yo misma mujer trabajadora cuando he entendido en toda su magnitud lo que significa mantener la lactancia materna. 

Y es que, señoras y señores, la lactancia en diferido es un auténtico coñazo. Y estoy hasta el mismísimo toto del sacaleches. ¡Ea! ¡Ya lo he dicho!

lunes, 27 de agosto de 2018

La vuelta a casa

Tras la primera sustitución, de cinco días, cogí el coche para volver a casa con una teta a puntico de explotar y muchas ganas de ver a mis peques. Y con una puntita de susto: ¿se cogerá bien la Pulga a la teta? ¿Me habré cargado la lactancia por venirme a hacer un trabajo de apenas 5 días?

La respuesta es que si. Se enganchó bien. Mis miedos eran infundados y ahora en la segunda sustitución no tengo dudas al respecto: lactancia perfectamente instaurada y niñas muy amantes de la teta. 

Porque no solo la Pulga se reenganchó. Habi también se agarró con alegría.

Nada más llegar, Habi salió corriendo del regazo de su papá y me dio un superabrazo. No me soltaba, mi niña grande, riendo y enterrada su naricita en mi cuello. No sabéis lo gratificante que fue semejante abrazo, esa muestra tan sincera, espontánea y necesitada de amor. Y su risa. Contagiosa, que tampoco me podía parar de reír yo. 

Y a continuación: 

- ¡TETA!

Y a engancharse con alegría y regocijo. 

La Pulga me miraba también sonriente pero sin alterarse (¡bien!). También tomó teta y me sentí bien al dársela (¡super bien!). 

En definitiva: volví renovada y me recibieron de muy buen rollo. Maravilloso. 

Los abuelos se marcharon para dejarnos tiempo en familia (y porque yo creo que estaban los pobres ya un poquito hartos) y estuvimos fenomenal. 

Sin embargo, llegó el día siguiente y yo decidí (en realidad ya lo había decidido antes, durante mi retiro) que había que cambiar una serie de cosas en casa.

Y es que me ha gustado mucho trabajar. En buenas condiciones de horario y sueldo. Es obvio que esas condiciones no las voy a conseguir en Madrid en un periodo corto de tiempo así que voy a currármelo para conseguir, al menos, buenas condiciones horarias. Y he concluido que eso se consigue mediante oposición. Por lo tanto, este es mi primer propósito de apertura de curso: sacarme unas oposiciones. 


Lo que pasa es que hay que entender la realidad a la que me enfrento. Me encantaría ser veterinaria oficial pero hay que asumir que una oposición del grupo A1, actualmente, no es para mi. No tengo la cabeza centrada ni el tiempo que requiere y lo único que conseguiría sería frustrarme. Hay que plantearse objetivos realistas y yo ahora mismo no estoy en situación de enfrentarme a semejante oposición. Además, viendo lo visto, en el caso de sacar plaza, mi destino iba a ser en un pueblo similar a los que estoy haciendo ahora mismo. Pueblos que están geniales pero que no tienen hospital ni colegio. Pueblos que se quedan incomunicados por la nieve en invierno, en plena montaña. Son lugares geniales para perderse y reencontrarse a uno mismo y siempre les voy a estar agradecida por haberse cruzado en mi camino justo en este momento personal pero, sinceramente, no son lugares en los que estar con niños pequeños. Eso sin contar con las circunstancias laborales del Mozo. Por lo tanto, oposiciones de veterinaria quedan, por el momento, descartadas.

Sin embargo, he visto la luz. De momento se supone que me quedo en bolsa aquí así que por ese lado, estoy cubierta. Lo que voy a hacer ahora es hacer una oposición más sencilla. Refiriéndome a que el temario sea abarcable en mis circunstancias actuales. Me he apuntado a oposiciones de auxiliar administrativo porque no considero descabellado poder prepararme su temario. El handicap es que, al ser oposiciones del grupo más bajo, es donde se presentan más aspirantes por lo que el ratio plazas/aspirantes es mucho peor que en unas de veterinaria (donde a lo mejor hay 34 plazas para 500 aspirantes, un ratio muy bueno). Mi objetivo inicial es entrar en bolsa o lo que es lo mismo: simplemente aprobar. Veo súper difícil sacar plaza en una primera convocatoria pero se que es cuestión de tiempo. No obstante, vengo de familia de funcionarios y se que es cuestión de planteárselo como una carrera de fondo. Mi padre era dibujante funcionario, mi madre (felizmente recién jubilada) era directora de administración de la SS y a falta de una tenía dos oposiciones, el novio de mi madre (también felizmente recién jubilado) era jefe de área, mi tía se acaba de sacar unas de, precisamente, auxiliar administrativo... Vamos, que he visto de que va la vaina. 

Lo que he estado haciendo desde que volví de la primera sustitución, es marcharme de casa en cuanto llega el Mozo y aposentar mi culo en una cafetería con mis apuntes y mi portátil. Una vez allí, estudio 2 o 3 horas y luego me doy un paseo con mi amiga C. para despejarme antes de volver a casa. Esto me da tiempo personal de desconexión, recarga de pilas y la sensación de hacer algo para cambiar mis circunstancias.

Este es mi nuevo objetivo laboral. Elijo opositar y elijo hacerlo a un cuerpo C2 porque por un lado necesito trabajar pero no en cualquier lado y a cualquier precio. Podría reengancharme a la clínica veterinaria pero no es lo que quiero. No solo por las niñas si no porque he visto el percal y no quiero volver a vivir esas condiciones laborales. Podría intentar unas oposiciones de veterinaria pero acabaría demasiado desquiciada (cantidad de temario desorbitada, exámenes que no se sabe muy bien cuando se convocan, preparadores caros, muchísimas papeletas para acabar fuera de Madrid...). Actualmente busco un horario majo (que me lo da el funcionariado) que me permita conciliar. El sueldo no me va a sacar de pobre pero, efectivamente, no lo hago por dinero (yo ya tengo mi independencia económica cubierta gracias a Hobbiton y Mordor). Lo hago por satisfacción personal.

Hablaba el otro día con Soñadora sobre las vueltas que da la vida. Con Habi aterricé en una maternidad tras una etapa laboral chunga, pensando que la casa se me caería encima. Y curiosamente, esa maternidad me enseñó una faceta propia que me encantó. Disfruté cada segundo de esa maternidad. Con la Pulga es que ni me plantee una maternidad diferente. Me había entusiasmado ser madre 24/7. ¡Pues toma! Jajaja. Justo con ella, en el momento más asfixiante, llegó este trabajo y con él el aire fresco. 

Así que, es curioso. Lo bueno es que yo me adapto (con más o menos rapidez) y no me parece mal cambiar de principios según vayan pasando cosas en la vida. ¿Ahora me apetece ser madre trabajadora? Pues lo soy. ¿Ahora no me apetece? Pues me quedo en casa. Se la suerte que tengo y, precisamente por eso, voy a aprovecharla para mejorar. Que seguiré reflexionando y dándole vueltas al coco porque, reconozcamoslo, soy de neurona inquieta, pero esa es parte de la sal de la vida, ¿no?

Por lo tanto, deseadme suerte para que mi vuelta de esta segunda (y de momento última) sustitución sea buena y salga de todo esto algo todavía mejor. Y contadme un poco como es vuestra situación materno-laboral (toma término). ¿Conseguís la ansiada conciliación? ¿Alguna se ha sacado oposición con dos bebés en casa?


viernes, 24 de agosto de 2018

Depresión postparto: detección

El tema de la depresión postparto es delicado. Por un lado, el tabú y el misterio que parece que rodea la maternidad como una situación místico-mágica, instintiva, mamífera, hace que, cuando no aparecen las sensaciones o sentimientos que esperas vivir, te sientas mal. Simple y llanamente mal. Luego empiezas a rascar y resulta que es algo que parece que pasa prácticamente a todas las madres: ha llegado un desconocido a casa, no le conoces y... bueno. Pues hay que conocerse y aprender a tratarse.

Bien.

El problema es que entre la situación A (sentimientos esperados) y la B (tranquila, esto nos ha pasado a todas) está una gran escala de grises que van del emporramiento postparto a la depresión postparto pasando por el común estado de baby blues. Y con el emporramiento, pues no pasa nada porque todo es felicidad y arcoiris y los pedos huelen a fresa y vives en una nube de colocón hormonal (que es lo que me pasó con Habi). Con el babyblues... pues tampoco pasa nada porque, efectivamente, es una melancolía normal y que se pasa en unos 20-30 días. Sin embargo, ¡ay, amigas! Llegamos a la depresión postparto y ahí ya no es todo tan normal ni tan 'tranquila que esto se pasa'.

Hablemos claro: la depresión postparto tiene una prevalencia alta (he leído que alrededor de un 20% de los postpartos derivan hacia esta patología) pero la sensación que tengo yo es que cuesta, ya no detectarla, que también, sino tratarla. Y cuesta detectarla porque no hay un protocolo correcto establecido ni de seguimiento de la puérpera ni de formación de los profesionales que tienen que atenderla. Y del entorno de la mujer.

Esto es algo que, desde mi experiencia, me parece muy grave. Ya no solo por el malestar que causa la enfermedad (que creedme, no es poco). Es que estamos hablando de un problema que puede afectar directamente a la salud de los hijos que están a cargo de la persona enferma. Una persona a la que, encargamos el cuidado y nos desentendemos de ella. 

Como sociedad y afectada me parece una realidad cruel. Y peligrosa. Intentaré explicarme.

jueves, 23 de agosto de 2018

Tratar igual a los hijos

A raíz de un comentario anónimo que me hicieron unas cuantas entradas atrás, estuve reflexionando acerca de un tema que me parece importante cuando nos embarcamos en la bimaternidad: el trato a los diferentes hijos. 

El comentario anónimo fue el siguiente:

"Pues respeto tu decisión pero no la comparto. Le has dado a Habi teta un montón de tiempo, a mi me parcía mucho; has estado dando teta a las dos, yo me sentiría vaca lechera y ahora por una sustitución que te ha salido, mandas todos tus principios a "la porra" y le metes purés y leche de fórmula".

Aunque varias lectoras salieron en mi defensa, no creo que fuera un comentario realizado con mala fe y si creo que será una opinión que compartirán algunos lectores del blog. El caso es que, fuera por lo que fuera me hizo reflexionar largo y tendido sobre el asunto del trato a los hijos. Y reflexionar me hace bien, me mantiene el cerebro activo (por lo tanto, tengo que agradecer el comentario a su autor/a por permitirme pensar en ello).

Por otro lado, las respuestas al comentario me hicieron pensar sobre otro gran mandato: el foco sobre la culpabilidad materna.

Y ya por último, el derecho de la mujer a trabajar cuando, como y donde quiera/pueda. 

Vamos, que el post va a ir cargadito de ideas.